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A continuación describo algunos puntos importantes del que desde mi punto de vista ha sido el mejor jugador de Squash de todos los tiempos. Nadie ha alcanzado los records ni la persistencia en el deporte, es sin lugar a dudas el conquistador del mundo (como el significado de su nombre).

Espero que esto sirva de motivación para todos los que practicamos este deporte, en especial para los niños y jóvenes que son el futuro de nuestro querido deporte.

En algunas publicaciones deportivas no sólo es considerado el mejor squashista del mundo, dada su condición físico-atlética, su persistencia en el liderato del deporte, su dominancia en bola blanda y bola dura, además de ser imbatible durante 5 años y medio (sin perder un sólo partido), es considerado también, el mejor deportista de la historia.

 El Conquistador Del Mundo

El nombre Jahangir significa "Conquistador del Mundo". Le fue dado por su padre Roshan Khan, que a su vez fue un gran jugador conquistando en 1956 el abierto Británico.

El nombre Khan está relacionado con cierto número de jugadores famosos, incluyendo los relativamente distantes Hashim y Azam. Así pues, sólo por su nombre parece como si Jahangir Khan hubiese nacido destinado a convertirse en campeón mundial.
En su momento, Jahangir fue campeón mundial amateur con solo quince años, campeón mundial doce días antes de su cumpleaños número 18, y campeón del abierto Británico (Título que hasta 1977 determinaba al mejor jugador del mundo) sólo cinco meses más tarde.

Así mismo, en 1984 fue campeón de la versión americana de Squash, nadie había conquistado anteriormente ambos títulos.
Estos logros prodigiosos iniciaron la carrera más larga e imbatible del Squash en el ámbito mundial.

Fue el primer jugador que ganó el abierto mundial sin perder un solo juego, y así mismo ganó la final del campeonato ISPA 1982 sin perder un punto.

Ningún jugador de Squash ha dominado nunca de esta manera el deporte; realmente, nadie hasta la fecha ya sea hombre o mujer, puede presumir aventajar a Jahangir en cualquier campo del deporte. Hay varios deportistas que se pueden comparar, pero aún quedan cortos.

Por tanto, Jahangir puede presumir de ser el Campeón Mundial de los Campeones Mundiales.

Esta secuencia de logros tiende a crear la ilusión de un carácter inevitable, pero un momento de reflexión nos recuerda que el deporte está sembrado de fracasos, que pueden ser indistintamente descendientes de nombres famosos o individuos que reaccionaron frente al papel preparado para ellos por sus padres, o ambas cosas a la vez.

Tales presiones sobre Jahangir se intensificaron con la muerte de su hermano mayor Torsam.

Rahmat, primo de Jahangir quien erróneamente se considera a si mismo como un fracasado porque nunca superó el puesto número doce mundial, abandonó su carrera de jugador para instruir a Jahangir.

La experiencia de Rahmat enseña también que alcanzar la cimas es cosa que el hombre con talento y el ambicioso deben considerar como lejos de ser segura.

En Jahangir resultó evidente que solo pueden alcanzar el éxito aquellos que aplican toda su atención a las condiciones físicas.
Al mismo tiempo hay que centrarse en las condiciones psíquicas, si ello fuese posible en un deporte que de por si ya exige mucho.

Jahangir llegó a contar con una amplia reputación de su propia invencibilidad que llegó a ser una víctima inconsciente de si mismo. Se le acusó de ser demasiado bueno para los buenos del deporte.

De hecho, las creencias musulmanas de Jahangir no son, ni con mucho, tan inflexibles como algunos piensan.

Un hombre que se tomó la molestia de ver más allá del aspecto superficial fue Stuart Sharp negociante inglés, que observó a Jahangir, con sus quince años, practicando con Rahmat en Wembley. La sesión cambió la vida de Sharp, pues quedó tan impresionado que predijo que el joven, no sólo llegaría a ser campeón mundial, si no que lo sería antes de dos años. En aquella época nadie consideraba posible un progreso tan rápido, pero Sharp había percibido algo que nadie hasta entonces había visto.
Sharp dijo: "Tiene una especie de magnetismo y una serenidad interior que los que están cercanos a él no han llegado a percibir". Sharp abandonó entonces sus quehaceres para hacer una película de los progresos de Jahangir hacia la meta que él había predicho.

Como llegué a ser campeón mundial

Yo no contaba con ser campeón mundial. Yo era el más joven, pequeño, débil y enfermizo de la familia. Ni el médico ni mi padre suponían que tuviese alguna oportunidad de llegar a ser un buen jugador. Esto puede parecer sorprendente, pero no lo era entonces. A la edad de 12 años sufrí dos operaciones de hernia, pero el resultado de ellas fue reforzar mi determinación.

En Pakistán confiamos en nuestros mayores, y ello ayuda a mantener la disciplina. Puede sonar raro a los oídos de los occidentales modernos, pero con disciplina y determinación se puede recorrer un camino muy largo. Muchas personas pueden conseguirlo si realmente se deciden a ello. No resulta caro, y en ningún caso se puede comprar. Yo procedo de una familia pobre pero considero que mi historia puede infundir confianza a millones de personas de todo el mundo, pobres, desamparadas o enfermizas.  En distintas épocas yo he sido las tres cosas.

Sin embargo, yo gocé una gran ventaja: era miembro de la familia Khan, familia que ha dado tantos grandes jugadores, y esto constituye una semilla que germinó en mi mente. La gente piensa que la primera lección empieza cuando uno entra en la cancha, pero no es así. La primera lección consiste en oír de otros lo que se puede lograr.

Después de disciplina y determinación, lo siguiente que necesitas es ambición. Cuando a la edad de 10 años empecé a jugar solo, traté de imaginarme que era lo más parecido a un buen jugador. Medité sobre ello larga y profundamente. Pude soñar en ello mientras estaba sentado fantaseando sobre un lanzamiento duro o un alarde de juego. ¡Imitaba con la boca el sonido de la pelota! Esto puede parecer infantil o ridículo, pero de hecho ayudaba a desarrollar mi confianza y mi ambición. A veces, jugadores de alto nivel van al W.C. antes de un partido, para reforzar su resolución. Realmente ¡Lo recomiendo!

Recuerdo cuando mi padre me dijo que solo podía jugar Squash si antes había terminado mis deberes, por lo que hacía los trabajos por la tarde antes de ir a casa. Si no estaba mi padre, iba con mi madre. Pero frecuentemente mi hermano jugaba conmigo y me ayudaba. Hoy me río de todo esto.

Naturalmente, no todo el mundo tiene la ventaja de haber nacido Khan, pero existen otras formas para preparar el terreno en el que puede crecer la semilla de la ambición.

A los niños verdaderamente interesados, sus padres debe dirigirlos a un buen entrenador y tal vez debe adquirir revistas y libros e ingresar a torneos. Todo esto puede parecer fácil, y aún puede hacerse más. Puede ayudar a hacer un mundo mejor, ya que el deporte es la mejor forma de mantener la juventud libre de turbación. Cualquier cosa que le enseñes a la mente de un niño, el la utilizará. Instrúyelo en el Squash.

Como yo era el más débil de la familia, se me dedicó un cuidado especial por parte de ella. Ser muy débil también me ayudó a ser reposado, porque ciertamente eso es lo que era. Además me hizo mimado. Esto suena a caprichoso, pero quizá pueda indicar también que se iba acrecentando mi voluntad y ambición, y al cabo del tiempo, también mi fortaleza. En la época que gané el campeonato junior de Pakistán, tanto mi padre como el médico empezaron a modificar sus ideas sobre mi futuro. Yo era más capaz, más fuerte de lo que ellos esperaban. La sensación fue creciendo hasta llegar el deseo de de convertirme en campeón.
Allá en Pakistán hay pocas ocasiones de alcanzar el éxito. El squash constituye una de esas pocas opciones en que se llega a una situación que realmente motive, pero ciertamente no es necesario sufrir para alcanzar el éxito.

Mi deseo de prosperar me llevó a Suecia con el equipo de Pakistán y al regresar pasé por Inglaterra, país donde deben ir los jugadores si pretenden mejorar. Allí están los torneos, las instalaciones y las competencias. Muchos jugadores, incluyéndome a mí mismo han decidido permanecer en este país durante varios meses al año. El que es inglés tiene grandes ventajas en el squash,  y es una lástima que hoy en día los ingleses no hagan un mayor uso de ello.

Al poco tiempo de estar en Inglaterra falleció mi hermano Torsam. Hay muchas personas que conocen lo que es sufrir penalidades, fracasos y desamparo, e indudablemente algunas tienen la impresión de que este handicap les impide alcanzar éxitos, pero yo quería convencerles de que esto no es necesariamente cierto.

En ese terrible momento nació en mi la semilla de una nueva determinación, que fue la de hacer lo que Torsam había querido que yo hiciera para llegar a ser campeón mundial, y junto con la desgracia nació la visión de un milagro deportivo.

Los milagros necesitan un a interpretación mundana, y el siguiente paso fue el de planear su desarrollo.

Nuestros parientes y amigos nos presionaron para quedarnos en Pakistán, pero querían que mi país tuviera un campeón mundial, sin pensar en aquello que hace a un campeón. Si no se dispone de un buen entrenador, de una condiciones y de una organización, no hay ninguna garantía de éxito.

Pero yo me fui a vivir a Londres con Rahmat, que no sólo se convirtió en mi entrenador, ayudante y consejero. Fue una unión provechosa desde el principio, que fue reforzándose con el tiempo.

El mariscal del aire Nur Khan, una de las primeras figuras del deporte en Pakistán, y un hombre tan destacado como Pakistán International Airlines, que fue mi patrocinador, nos avisó que si fallábamos nos regresarían a nuestro país. Con esto cayó sobre nuestras espaldas una gran responsabilidad.

Lo que teníamos que hacer esa lo que todos los grandes jugadores pakistaníes serían capaces de hacer. Consistía en vencer en campeonato mundial al australiano Geoff Hunt, que era el jugador más hábil del mundo. Aún cuando se sea un Khan o un mago no se puede demostrar la magia hasta que se alcanza la pelota. Yo hube de pasar por tal variedad de entrenamientos que no podía excusar una deficiencia de destreza; tenía que llegar a ser tan hábil como ningún jugador de Pakistán haya sido nunca.

Actualmente, los jugadores de Squash de cualquier nivel deben ser más diestros que antes. Para ello han de ser totalmente sinceros con ellos mismos. Rahmat me prometió que haría todo lo posible, pero a su vez me hizo prometer que yo haría todo cuanto él me dijese. Si no lo hago, o no puedo hacerlo, deberé admitirlo. No ha de haber falsedad.

Esto no era fácil y nunca lo es, pero para empezar fue más duro porque yo recordaba a mi hermano. Durante bastante tiempo sentí estar lejos de casa, hasta que un día Rahmat de dijo que, por difícil que fuese todo, debía dejar de lamentarme. No podía desfallecer, si no que por el contrario, debía hacer algo por mi hermano. Seguidamente, esbozó lo que íbamos a hacer. La motivación procede de uno mismo, pero a veces necesita también un buen preceptor para sustentarla.

Muchos de los jugadores más destacados tienen actualmente su propio entrenador y quizá nuestro ejemplo haya contribuido a extender esa idea.

Naturalmente existen otras dificultades. Es difícil habituarse a un país extraño, con idioma distinto, alimentos y personas diferentes. Para un jugador de squash es muy importante la alimentación correcta.

Estas cosas creo que pueden ser una prueba para cualquiera. Quien se enfrenta a ellas y las supera, tiene ocasión de hacerse más fuerte y mejor con más éxitos de la vida.

Rahmat y yo, siempre tratamos de pensar positivamente, investigando que habilidades nos eran necesarias para la tarea. Si quieres alcanzar éxitos en squash, trata de hacer lo mismo.

Para terminar como campeón hay que empezar. Esto no es tan evidente como parece. Empezar constituye frecuentemente el gran problema... empezar para ganar, se entiende. Puedes estudiar, practicar, competir, pero nada de esto garantiza tu victoria. La situación de cada partido es completamente distinta a cualquier otra, y puedes no saber como reaccionar hasta que surge dicha situación. Es entonces cuando se aprende algo de uno mismo.

Esto es exactamente lo que me pasó cuando me encontré con Qamar Zaman en la final del abierto de Pakistán. Había pocos indicios de la apasionante partida que se iba a disputar en uno de los más excitantes torneos habidos en mucho tiempo. Hubo mucho que aprender para cualquiera que observase, pero sobre todo para mi mismo.

Yo sólo era el décimo sexto y no se esperaba que ganase. Zaman era el número 2 en el campeonato del mundo, con la esperanza de ascender a número 1, por encima de Geoff Hunt.

Ya libré una dura batalla con Zaman en el Open Mundial, batalla que perdí, pero ahora yo tenía mucha más habilidad. Si hubiese llegado a una posición ganadora ¿Lo habría conseguido? ¿Podría conseguirlo? Bajo presión pueden suceder toda clase de cosas.

Desde mi derrota trabajé para reforzar mis piernas, ya que había aprendido una lección. Ahora yo era físicamente más fuerte que él. Era muy importante para ganarle el primer juego a Zaman, ya que es un jugador que envía la pelota corta rompiendo el ritmo del contrario mermándole la confianza. Entonces todo el trabajo resulta inútil y queda uno como cortado en piezas.

El plan consistía en anular el brillo de Zaman, jugándole a la contra como fuese. Hay otra forma de jugar con Zaman, que es contestando su revés con otro revés, pero Rahmat opinó que no debíamos pretender esto. En aquella época yo tenía un buen boast, una buena cruzada o un buen remate, pero ninguna confianza en mi dejada. Además si yo vencía a Zaman por la vía más difícil, tendría la seguridad de poderle ganar otra vez.

Desafortunadamente, yo estaba más nervioso de lo que había estado jamás y no era tan fuerte mentalmente como lo era ahora. Al adelantarme en el juego por 8-6 me exalté  y permití que se me escapara al perderlo 10-8. Rahmat trató de tranquilizarme: me recordó lo sucedido en mi primera carrera de entrenamiento, cuando creí que no podría repetirlo, y sin embargo lo hice. "La primera parte de la instrucción es frecuentemente la más difícil -dijo- y esto es igual".

Zaman empezaba a moverse, y ganó el segundo juego 9-3.

En esta situación muchos habrían pensado que el partido ya estaba resuelto, que es exactamente lo que dijo Rahmat. Me dijo que no me preocupase más por el resultado, si no por demostrarle nuevamente nuestras últimas instrucciones. Con esto quedó eliminada la preocupación de tener que ganar.

Traté de concentrarme en lo que ya conocía, en lo que había hecho y en lo que podía volver a hacer. Fui mostrándome más paciente y persistente. Zaman fue encontrando cada vez más dificultades para hacer lo mismo, y perdió rápidamente el tercer juego.

Rahmat recabó mi opinión sobre porqué Zaman había perdido el tercer juego. La conclusión fue que estaba bajo de forma. Este era el momento de reconsiderar cuanto había llegado a aprender, lo que contribuyó a asentarme. Mis errores disminuyeron. Rápidamente me hice con el cuarto set, si bien ello fue debido a que Zaman se estaba reservando para el quinto. Los minutos de descanso jugaban a su favor. Había que librar batalla.

Zaman luchó como jamás había visto yo para alcanzar 6-6. La partida podía cargarse hacia cualquier lado ¿Dónde caerá el rayo? Cuando la situación es crucial, Rahmat hace señales para indicarme lo que es mejor. El pulgar hacia el hombro quiere decir que juegue de revés, el movimiento de los dedos en el aire significa boast, ahora tenía el puño cerrado: Yo tenía que mantenerme firme.

Rahmat señaló a si mismo el drive de Zaman, que es ocasionalmente donde perdía el control. Yo hice cuanto Rahmat me indicó. Zaman fue por una cruzada y dio en la chapa. Tres veces seguidas dio en la chapa y dos de ellas fueron drives. Esto sucedió en un momento y tan súbitamente que nadie se lo esperaba. Los nervios de Zaman le fallaron y yo vencí. Se había roto la barrera y jamás Zaman volvió a ganarme.

Otro asunto quedó demostrado: Que la base del juego debe consistir en una sólida defensa. Tal vez algunos no quieran realizar el duro esfuerzo necesario para triunfar, pero creo que estoy ayudando a cambiar la situación.

Aún hay otro punto importante. Muchos jugadores se muestran obedientes durante su aprendizaje, pero al verse sometidos a presión ya no lo son tanto. Seguir las instrucciones del entrenador es bastante arduo. Uno puede encontrarse obligado a hacer cosas que no son instintivas, con las que no se está completamente de acuerdo, lo que constituye una verdadera prueba de disciplina.

Moraleja: Haz siempre lo que has aprendido a hacer. Ten confianza en mantener tus ideas, incluso bajo presión. Obedece a tu entrenador.

Qamar Zaman dijo que me concedía cinco años para llegar a la cumbre. Esta opinión me espoleó particularmente cuando jugaba contra él. Geoff Hunt, durante tanto tiempo campeón mundial, no cometió un error semejante. Hunt escuchó hablar sobre mi victoria en el Abierto de Pakistán, y estoy seguro que tenía la curiosidad de saber algo más. Un día visitó a mi primo Rahmat y aprovechó la ocasión para plantearle la cuestión, ¿Qué sucede con tu juego?

Ambos pensamos que Geoff trataba de deducir que trabajo habíamos hecho o estabamos haciendo conjuntamente. No quisimos correr el riesgo de darle demasiada información. Hunt fue lo bastante sagaz para no preguntar directamente el alcance del concierto, pero de forma velada todos supimos que se entablaba una batalla.

Yo había vencido a Hunt en Munich, y el me ganó en Irlanda, pero estos fueron torneos de calentamiento. Sin embargo, fueron unos momentos significativos. Observamos que en ambas ocasiones Hunt empezó a cansarse después de unos 50 minutos: demasiado pronto. Después de haber perdido yo en Irlanda, alguien se presentó ofreciéndose como entrenador en substitución de Rahmat. Este consejero espontáneo sugería que mi primo, manager y correligionario musulmán no era la persona adecuada para ayudarme.

Quedé sorprendido y fui enseguida a explicarle a Rahmat lo que había sucedido. No había ninguna duda respecto a mi lealtad hacia él. Me contestó que la única respuesta no era para darla con palabras si no en el próximo torneo contra Geoff Hunt.
Este torneo tuvo lugar en Chichester, justamente una semana antes del Abierto Británico, cuando los dos estabamos en nuestra mejora forma. Me enfrentaba con uno de los partidos más importantes que jamás haya jugado.

El nivel de juego fue fantástico, muy largo y astuto. Las variaciones que Hunt introdujo fueron maravillosas, lo probó todo.
Era importante no pensar en Geoff como jugador que nunca se cansa. Yo necesitaba pensar positivamente, porque al mismo tiempo estaba malgastando energías. Desde entonces, aprendí a recorrer la cancha más económicamente.

Pensar en la debilidad del oponente me ayudó en particular cuando empecé a retrasarme en el cuarto juego. Cuidadosamente traté de evitar todo error. Después que Hunt perdiera el primer juego ganó el segundo y el tercero, y llegó 6-4 en el cuarto. Rahmat me dijo que perseverara en mi plan, insistiendo en ello.

Súbitamente, Hunt debió sentirse cansado. Se puede resistir mucho sin demostrar estar cansado, pero cuando se empieza a fallar pueden caer los puntos en tropel. Tras haber estado en buena posición perdió el cuarto juego en poco rato. En el quinto set yo llegué a estar 6-0, con la victoria a la vista, estaba excitado, pero frente a un hombre como Hunt esto no es suficiente.

Aunque yo sabía que estaba dominado, esto solo era mi cuerpo. La mente de Hunt estaba haciendo milagros, pero yo mantenía mi confianza. El llegó a tener 5-6 y 6-7.

Yo también estaba cansado. me obligué a mi mismo más de lo que había hecho nunca, pero me mantuve. Pasaron dos horas once minutos antes de que Hunt finalmente se derrumbara, y cuando los hizo fue de la forma más espectacular. Falló la respuesta a los tres últimos servicios, el último de ellos increíblemente al suelo. No sabía donde estaba y se le doblaron las rodillas, incapaz de mantenerse derecho. No he visto nunca cosa semejante.

La actuación de Hunt hasta el límite de su resistencia aumentó mi respeto hacia él, pero su conducta posterior lo incrementó aún más. Me di cuenta de lo mal que se sentía, aunque solo le oí hablar de lo noble que había sido la partida. Luego se me acercó y me dijo confidencialmente que yo le había hecho lo que él le hizo a otros. Oír esto fue para mi una gran satisfacción.

La marcha del partido demostró que los planes trazados por Rahmat y yo seguían una buena línea. Yo había llegado a ser suficientemente fuerte, física y mentalmente para enfrentarme con Hunt, para cansarlo, tirar de él un rato y mantenerme cuando también yo estaba cansado. De aquí se desprenden dos lecciones vitales: lealtad hacia el entrenador, y el convencimiento de que se pueden dar flaquezas en cualquier competidor. Estas cosas ocurren frente a cualquier jugador de cualquier nivel, así como frente al gran Geoff Hunt.

Moraleja: Tener fe en las propias ideas confiando en que funcionen. Todos los contrarios tienen flaquezas sobre las que cabe actuar.

En el squash la suerte cambia rápidamente. Apenas dos semanas después de mi victoria con Hunt, el australiano buscó la venganza. La cancha artificial en Bromley era completamente distinta. También era distinta la ocasión, con un Hunt que trataba de batir el record ganando por octava vez el Abierto Británico. Así mismo, la atmósfera era otra, la más tensa que yo jamás haya experimentado, con un público a favor de Hunt. Con mis 17 años estaba pisando un terreno nuevo. Estaba tan nervioso que me temblaban las manos.

Inmediatamente, la partida tomó una dirección indeseada. Me vi a mi mismo cometiendo errores donde no era de esperar. El plan era el mismo: Mantener a Hunt en la cancha, arrastrarlo, cansarlo y dejarlo atrás. Los puntos fueron largos, así como el partido. Pero todo ello le tranquilizaba y daba más consistencia.

Yo me mantuve y gané bien el tercer juego, empezando el cuarto, me adelanté rápidamente, cansado como me encontraba -nunca he estado más-, Hunt estaba peor. En cierta ocasión pude darme cuenta de lo fatigado que estaba él, pues tenía un color gris y enfermizo.

El empezaba a tambalearse cada vez más. Llegué a estar 6-1 en el cuarto set.

Llegados a este punto, tanto Rahmat como yo mismo pensamos que, al igual que en la ocasión anterior, Hunt se paralizaba, sin embargo, recordé que había visto dos semanas antes como Hunt podía lograr que su mente forzase a su cuerpo de hacer cosas extraordinarias.

A veces, sometido a presión, uno hace cosas que no se deberían hacer. Realicé un par de dejadas imprudentes que fallaron, y estos errores fueron suficientes para costarme el partido.

No he sabido nunca como se las arregló, pero Hunt fue sacando cada vez más ventaja de la situación a la que yo permití llegar. No jugué mal después de este inciso, pero no pude evitar que se me escapase el juego de entre los dedos. Yo podía haber previsto el resultado. !Vaya experiencia¡ perder de esa forma la final del abierto británico ha sido una de las lecciones más severas y profundas que haya recibido jamás en un partido. Nunca lo olvidaré. Esta ha sido la última frustración que he padecido, y fue duro de aceptar.

Olvidé completamente todo lo relacionado con este partido hasta después de unas largas vacaciones. Cuando empecé de nuevo a entrenar recordé esta lección más vívidamente que cualquier otra disciplina para jugar rectamente hasta el final aún cuando estés muy cansado. Y si pierdes, puedes confiar en que potencialmente has mejorado. Por tanto, una derrota puede enseñarle más que todos los éxitos del mundo.

Moraleja: Disciplina hasta el final. Una derrota enseña más que una victoria.

El 28 de Noviembre de 1981, segundo Aniversario de la muerte de Torsam, me convertí en campeón mundial. El mayor deseo de mi hermano se había cumplido plenamente. No sé hasta que punto confía el lector en las casualidades, pero si cree en ellas, ésta fue una verdaderamente poco corriente. Todo lo que puedo decir es que el espíritu de mi hermano me inspiró.

Habían transcurrido seis meses desde mi derrota frente a Hunt en el Abierto Británico, fueron seis meses de intensa preparación, pero siempre la misma dedicación para reforzar mis momentos cruciales como ocurrió en el Abierto Británico estaba decidido a que el mundial fuese nuestro.

Verdaderamente Rahmat me estuvo forzando, enviando la pelota a los distintos rincones de la pista sin permitirme ningún error. Conté los golpes en cada punto que jugábamos, que frecuentemente llegaban a cien y ocasionalmente hasta dos cientos. Pocos puntos se prolongan tanto, incluso actualmente. Trabajé más duramente de lo que jamás había hecho.

Pienso lo que muchos no sabían era que, cuando llegó el momento de jugar la final, yo mismo no sabía si estaba suficientemente preparado para tomar parte. Tenía un hombro lastimado, y a veces tan adolorido que no podía levantar la raqueta por encima de la cabeza. Evidentemente, yo no quería decirlo a nadie porque esto daría confianza al contrario. Por el mismo motivo, me resistí a ir al médico.

En la víspera de la final aún no podía levantar apropiadamente el brazo. Por otra parte, yo estaba arriesgando una derrota frente a mi rival, pues no estaba en mi mejor forma. En última instancia, estas decisiones dependen plenamente de la propia actitud.
Mi actitud es la de que, siempre que la lesión no amenace tu carrera, hay que seguir adelante y esforzarse, cualesquiera que sean las molestias que uno sufra. Pero una vez en la cancha, hay que olvidarse de cualquier molestia y pensar solo en una cosa: conseguir el objetivo.

El primer set contra Hunt terminó en unos cuarenta y cinco minutos. A pesar de haberlo perdido, ya intuía en aquel momento que estábamos en camino de alcanzar la victoria. Este juego mermó mucho a Hunt. Los dos paredes se cobraron su contribución. Cosa infrecuente, se puso a discutir a grandes voces con el árbitro el final del set.

Nuevamente, me veo forzado a admirarle. Creo que desde las primeras etapas él ya sabía que estaba vencido, pero a pesar de todo intentó seguir.

Al final del primer juego, Rahmat me recomendo que siguiera jugando de la misma forma. Me sonrió cuando Hunt protestó una decisión y tiró su raqueta. Al final del segundo set, fue incapaz de sacar adelante los dos últimos puntos, y lo mismo le sucedió en el tercer set. Se notaba, el final estaba cerca.

Antes del cuarto set, Rahmat me dijo que si anábamos deberíamos llevar el trofeo mundial a la tumba de Torsam. Pasé a la cancha y una vez más liberé mi mente de cualquier otra cosa. Yo tuve que terminar el juego como un profesional.

Cuando esto sucedió, nos arrodillamos en la cancha y oramos. Esto no estaba planeado, ocurrió espontáneamente. No me di cuenta del ruido que se armó, ni que todos los espectadores se habían puesto de pie. Yo estaba realmente ajeno a mis propios sentimientos. En cierto modo, esto lastima, pues tales momentos son fugaces: llegan y se van. Si eres uno como soy yo, darás las gracias al creador que te puso en esta situación. Esto ayuda a aprender tanto de la victoria como de la derrota.
Moraleja: La victoria es una gran cosa, procura que no se te suba a la cabeza.

El juego más largo de la historia

Este es el partido más largo de la historia del squash "dos horas cuarenta y seis minutos" y todos los comentarios a que dio lugar estaban relacionados con su duración.

Creo que la partida fue buena para el Squash.

Mucho se habló también antes de la competencia. Gamal Awad había dicho que él era el único jugador capaz de ganarme, y que estaba preparado para ello. Sin duda, se había entrenado duramente, ello sin contar, naturalmente, con su fenomenal velocidad.
En el primer set llegué a 8-1 a mi favor y hasta entonces no se veían señales de la formidable lucha que se aproximaba. De haber terminado así el primer set, creo que todo se hubiera reducido a un partido rápido y directo, pero, como les sucede a todos los seres humanos alguna vez, empecé a cometer errores, probablemente debidos a la falta de concentración.

Gamal pronto consiguió 6-8, empezó a animarse: arriba y abajo con más determinación de la que yo jamás le había visto. No cometió errores, no cedió terreno. nunca había hecho esto antes, lo que lo hacía mucho más peligroso, y no parecía que yo pudiese ponerlo en apuros.

Gamal ganó el set 10 a 9 yo quedé chasqueado y Rahmat anonadado. Yo debía entrar y jugar como un partido largo, con puntos seguros, desgastando así a Gamal. Este estilo no es el mío natural, a mi me gusta jugar fuerte con ataques fulminantes, pero este juego no es prudente frente a un Gamal Awad estimulado y decidido.

Una vez ganado el segundo set, pensé que iría bien, pero quedé sorprendido ante lo mucho que se alargó. Hubo varios puntos de 150 golpes y ninguno de los dos estaba dispuesto a correr el riesgo de imprimirle mayor celeridad.

A las dos horas y treinta minutos cayó el récord mundial anterior. A pesar de todo, diría que gané el cuarto set en forma convincente. Creo que estaba más cansado de lo que había estado en 1981, en la final del Abierto Británico. Awad estaba agotado. Naturalmente, yo me sentía satisfecho de haber ganado, pero especialmente por la forma en que lo hice. Comprobé mi aptitud por primera vez desde 1981. Había contribuido a romper tres récords el primer set más largo, el partido más largo y el punto más largo. Y además destruí a Awad, pues no volvió a enfrentarse más conmigo. Este fue su final como rival.
Moraleja: Disponte a cambiar la táctica si la situación lo requiere.

Estos han sido los momentos más importantes y significativos que tuvo Jahangir Khan "El Conquistador Del Mundo" en su exitosa carrera como jugador de Squash, relatados por él mismo.

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